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Ahí estás, Cruz del Sur, mirándome otra vez. Al fin volvemos a estar
solos, vos y yo, en la quietud de la noche.
Ya no sé si soy yo o el otro, el que te miró ayer, o aquel americano que te vio
hace quinientos años, con el primitivo asombro de los que pierden su mirada en
el cielo estrellado.
¿Qué misterios encierras, Cruz del Sur? ¿Qué mundos ignotos danzan alrededor
de tus estrellas? ¿Encierra alguno de ellos ese tesoro precioso y raro, la
Vida?
Ojalá se vea desde alguno de esos mundos otra Cruz del Sur, siendo una de sus
estrellas nuestro Sol.
Sucre, mayo de 1994
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